miércoles, 27 de enero de 2010

Jira y los colores de Africa





















¿Papa Noel existe?



Tito era un niño como casi todos los niños. Tenía casi 7 años y era travieso, aunque últimamente algo introvertido.
Sus gustos habían cambiado y sus papas ni siquiera se habían dado cuenta, ya no le gustaba ir en bici, ni jugar a la pelota, ahora tenía un juguete favorito o eso es lo que Tito creía.
En su habitación tenía muchos juguetes, se diría que cualquier cosa que pudiera desear estaba allí dentro. Tanto era así que Tito ya no escribía su carta a santa Claus ni siquiera a los Reyes Magos, todo lo que necesitaba era esa una pequeña maquinita que lo acompañaba a todos los sitios. Solo al acostarse se separaba de ella.
Era entonces, en ese momento cuando buscaba la compañía de JAGINTON, su amigo de la Infancia, su compañero de sueños y aventuras.
JAGINTON era un cerdito, formaba parte de la vida de Tito desde el mismo día en que nació. Su primer nombre fue Jacinto, pero cuando Tito empezó a hablar con su lengua de trapo lo llamaba JAGINTON y desde entonces se quedo con ese nombre.
El pequeño cerdito siempre estaba al lado de Tito, se diría que tenia vida propia porque nunca se perdió y si desaparecía entre la multitud de juguetes Tito siempre lo encontraba.
JAGINTON había sido el compañero de juegos de Tito hasta que esa pequeña maquinita apareció en su vida. Entonces parece que olvidó que su cerdito estaba allí, esperándole para salir al parque, para jugar con sus coches y participar en las aventuras que vivían todos los días.
El pequeño cerdito tenía que esperar que llegara la noche para que su amiguito fuera a buscarlo y lo abrazara de nuevo.
Un día la mama de Tito tomó una decisión y entro en la habitación del niño con unas bolsas. Iba a tirar los juguetes viejos y los que estuvieran mas nuevos se los regalaría a niños que no tuvieran juguetes y les hicieran mas caso que Tito.
Uno a uno fueron entrando en los sacos. Un coche de carreras, puzles, piezas, pelotas, muñecos…. Y en ese momento descubrió al pequeño cerdito, pensó que al cerdito tampoco lo echaría de menos y lo metió en el saco.
Efectivamente cuando Tito volvió a casa no echo en falta ninguno de sus juguetes, solo salió corriendo a por su maquinita y se sentó a jugar con ella.
Pero llego la noche, y en ese momento buscó a JAGINTON…. No estaba… ni encima de la cama, ni en el armario, ni en la mesita… desesperado salió corriendo a buscar a su mama.
La mama le explico que había hecho limpieza en su habitación y había tirado aquellos juguetes viejos y regalado los que estaban en buen uso y no utilizaba.
Entonces tito empezó a llorar desesperado, era su muñeco, su compañero de juegos. Sin JAGINTON no podía dormir.
Mama le quito importancia, y le dijo que en unos días seria Navidad, que escribiese la carta a Santa Claus y tendría juguetes nuevos.
Tito entre lágrimas le dijo a su mama:
-No quiero juguetes nuevos, Yo quiero a mi JAGINTON... además Papa Noel no existe….
Y salió corriendo a encerrarse en su habitación.
Esa noche a Tito le costó mucho dormir y lo hizo envuelto en lágrimas.
Al día siguiente estaba tan triste que ni siquiera se acordó de su juguete favorito.
Salió al colegio corriendo y preguntado a todos sus compañeros si habían visto a su muñeco.
Nadie había visto a su muñeco, así llego la hora de volver a casa y Tito llego corriendo casi sin aliento, tiro su mochila al entrar y fue a su habitación.
JAGINTON siempre aparecía, quizás mamá no lo había tirado y estaba escondido en algún rincón. Pero no, el muñeco por más vueltas que dio a la habitación no estaba.
El pequeño, triste, se sentó, merendó, hizo sus deberes y se puso a leer un cuento.
Ya no quería ni siquiera jugar con la maquinita… solo quería que su amigo volviera a casa.
Al día siguiente su mama le insistió en que no pasaba nada:
Escribe tu carta a Papa Noel, en unos días seria Navidad y tendrás juguetes nuevos y divertidos.
Tito la miro triste y cogió la hoja que su mama le estaba ofreciendo, fue a su habitación y la dejo apoyada sobre el escritorio sin pensar mucho en la Navidad.
A la vuelta del cole se encontró con un vecino.
-Hola Tito, ¿ya has escrito la carta a Papa Noel? le pregunto. Ya quedan solo 3 días para Nochebuena y esa noche recorre todos los hogares llevando juguetes. ¿Qué le vas a pedir?
El niño muy triste le explicó que no quería juguetes y que además sabía que Papa Noel no existía. Tito quería a su amiguito JAGINTON.
El vecino, un señor mayor le dijo:
-Habla con Papa Noel, escríbele, seguro que te puede ayudar.
Tito se le quedo mirando y soltando un rápido adiós subió volando las escaleras, entro en casa y tiro la mochila y salió disparado a su habitación.
Entonces se quedo mirando el papel que mamá le había dado y decidió que iba a escribir a Papa Noel.
Poco a poco las palabras fueron saliendo solas.
Querido Papa Noel:
Tú ya sabes que no creo que existas, pero todo el mundo habla de ti, así que voy a escribirte una carta porque tengo algo muy importante que pedirte.
Este año he sido un niño muy bueno, en el colegio he trabajado mucho y saco muy buenas notas. Y en casa me porto muy bien, ¡pregúntale a mama!
Por eso quiero pedirte una cosa. Es algo muy importante ¿sabes? Yo no quiero juguetes, tengo muchos, ni siquiera juegos para mi maquinita. Es más te la doy a cambio de lo que te voy a pedir.
Me han contado que tu vas a muchos lugares, y conoces a todos los niños del mundo, por eso te voy a contar que mi mamá regalo a JAGINTON, mi muñeco favorito y desde entonces no puedo ni dormir.
Yo solo quiero eso, que encuentres a mi muñeco y me lo traigas a casa.
A cambio prometo seguir siendo un niño muy bueno y portarme muy bien.
No sé muy bien donde tengo que echar esta carta, pues hace muchos años que no te escribía, pero se la voy a dar a mamá y seguro que ella te la hará llegar.
Firmó la carta y salió corriendo a dársela a su mamá, que la metió en el bolso con intención de dársela a Papa Noel.
Faltaban solo 3 días para Noche buena y aunque a Tito se le hicieron muy largos por que echaba de menos a su amiguito, espero el día con mucha ilusión.
Llego Nochebuena, y mientras todos en casa cenaban, cantaban villancicos y reían Tito estaba muy triste. Miraba por la ventana y pensaba que había perdido el tiempo escribiendo esa carta. Que Papa Noel no existe.
Un primito más pequeño se acerco a Tito y le tiro de la camiseta.
-Tito, ¿estás esperando a Papa Noel? le pregunto mientras le brillaban muchos los ojitos.
-Si, respondió Tito, este año le he pedido algo muy especial… pero como hacía mucho que no le escribía a lo mejor se ha olvidado de mi.
Su primo, con una enorme sonrisa le dice:
-No, tito, Papa Noel no se olvida de ningún niño, seguro que mañana tendrás ese regalo tan especial. Papa Noel siempre se acuerda de nosotros. Somos nosotros los que algunas veces nos olvidamos de él.
Tito miro a su primo, y aunque era más pequeño supo darle ánimos y sacarle una sonrisa.
La noche acabo y el pequeño se fue a la cama, no sin antes mirar por la ventana mientras se le escapaba un suspiro.
A la mañana siguiente Tito salió corriendo al salón…Y había un montón de regalos. El niño fue apartando los que tenía su nombre y empezó a abrirlos con desesperación…Abría los paquetes sin apenas mirar lo que había dentro e iba apartándolos.
En ninguno de ellos esta lo que Tito había pedido… Triste se fue para su habitación y al entrar tropezó casi sin darse cuenta con un paquetito pequeño.
Lo recogió del suelo sin ninguna ilusión lo empezó a abrir. Era una pequeña caja de cartón, y tenía una carta encima.
Abrió el sobre y comenzó a leer.
Hola Tito!
Sé que eres un niño muy bueno y estudioso, por eso todos los años tienes más juguetes de los que quieres y necesitas.
Quizás por eso habías dejado de dar importancia a los juguetes y te encerrabas a jugar con tu maquinita.
No es solo culpa tuya, eres un niño, a veces los adultos nos olvidamos que los niños no necesitan tanto para ser felices.
Por eso y porque yo quiero que esta Navidad tú seas feliz, vuelvas a ser niño y creas de nuevo en Papa Noel, te envío este regalo.
El niño entre sorprendido y emocionado porque Papa Noel le había escrito una carta abrió su cajita…dentro estaba su amiguito, JAGINTON….
Tito no sabía si reír o llorar, era el niño más feliz del mundo y para ello no había necesitado montones de juguetes, solo recuperar a su pequeño JAGINTON.